Aylwin y el mesianismo político

Las mejores antologías son las que hace el tiempo. Así decía Jorge Luis Borges, quien descreía de los aplausos del momento. Creo que tal precepto también vale para la política. De hecho, ahora veo en Patricio Aylwin con toda nitidez, lo que en su momento (a principios de los noventa) ni siquiera entreví de refilón: el hombre que supo conjugar la ética de las convicciones con la de la responsabilidad.

También ahora veo en él algo más que un líder. Veo a un hombre que se aproxima (solo eso, nada más, pero tampoco menos) a la figura de un estadista. De hecho, fue un hombre que trascendió el ímpetu partidista y que veló por los intereses del Estado, lo cual implicó no dejar plenamente satisfechas a las partes en pugna, ni en su momento ni ahora. Tal es el trágico destino de los estadistas, según Oswald Spengler.

Patricio Aylwin, a diferencia de otros políticos chilenos de su tiempo, no bebió de la copa del mesianismo político. Cosa nada de fácil en un país que, en política, tenía una fuerte propensión (algo le queda todavía) al maniqueísmo y la idolatría.

Luis R. Oro Tapia
Escuela de Ciencia Política
Universidad Central

Fuente: www.diariolaprensa.cl